El fervor religioso volvió a manifestarse en el Día de Todos los Santos. Miles de personas de extracción popular recordaron a sus familiares, amigos y conocidos fallecidos en la efemérides durante sus visitas a los cementerios de los conos de la capital.

En el cementerio El Sauce, en San Juan de Lurigancho, la jornada empezó al ritmo de huaino, chicha y bolero. Cada tumba era un universo. El licor no podía faltar. Cerveza y chicha de jora se vendían en el interior del camposanto que alberga cerca de 30 mil nichos. El intenso brillo solar provocó que los negocios de gaseosas y helados incrementaran sus ventas.

Tampoco faltaron los que se beneficiaron con el expendio de velas, fósforos, gorras, comida y otros artículos. Los negocios de flores y venta de agua, en plena vía pública, lucían atiborrados.

En el Cercado de Lima, el Presbítero Maestro y El Angel, tradicionales camposantos limeños, estuvieron repletos, generándose cierto desorden vehicular en las calles circundantes.

El fervor religioso volvió a manifestarse en el Día de Todos los Santos. Miles de personas de extracción popular recordaron a sus familiares, amigos y conocidos fallecidos en la efemérides durante sus visitas a los cementerios de los conos de la capital.

En el cementerio El Sauce, en San Juan de Lurigancho, la jornada empezó al ritmo de huaino, chicha y bolero. Cada tumba era un universo. El licor no podía faltar. Cerveza y chicha de jora se vendían en el interior del camposanto que alberga cerca de 30 mil nichos. El intenso brillo solar provocó que los negocios de gaseosas y helados incrementaran sus ventas.

Tampoco faltaron los que se beneficiaron con el expendio de velas, fósforos, gorras, comida y otros artículos. Los negocios de flores y venta de agua, en plena vía pública, lucían atiborrados.

En el Cercado de Lima, el Presbítero Maestro y El Angel, tradicionales camposantos limeños, estuvieron repletos, generándose cierto desorden vehicular en las calles circundantes.