Hay una sensación difícil de explicar cuando descubres que ese producto que ves en todas partes, el que consumes desde niño o el que admiras por su éxito, nació en tu propio barrio. Es una mezcla de sorpresa, orgullo y emoción. Como quien descubre que detrás de una marca famosa late también la historia silenciosa de una calle conocida, de una avenida transitada o de un pequeño taller en San Juan de Lurigancho.

Porque sí: muchas de las marcas que hoy forman parte de la vida cotidiana del Perú tienen raíces en este distrito trabajador, inmenso y emprendedor.

Una de mis favoritas es, sin duda, la historia de las galletas Chaplin. Esas dulces y crocantes galletas doradas, de empaque sencillo y sabor inolvidable, nacieron en 1966 en Trujillo, creadas por la familia Zoriano con una receta artesanal elaborada con harina de trigo y horneada a carbón. Tres años después, en 1969, su producción se trasladó a Lima, específicamente a San Juan de Lurigancho, donde terminaron de consolidarse como una marca entrañable para generaciones enteras.

Sin grandes campañas publicitarias, Chaplin conquistó algo más importante: la memoria afectiva de los peruanos. Se vendieron en bodegas, grifos y kioscos, convirtiéndose en una costumbre, en una merienda, en un recuerdo feliz.

Hace más de sesenta años, la naciente zona industrial de Zárate vio instalarse a Hidrostal, empresa que se convertiría en referente mundial en la fabricación de bombas centrífugas. Su fundador, Martin Stähle, revolucionó la tecnología del bombeo al inventar el impulsor centrífugo helicoidal, una innovación que cambió la industria a nivel global. Hoy sus productos llegan a más de cuarenta países.

En1953 Hidrostal fue fundada en el Perú por Martin Stähle ciudadano Suizo e inventor de la bomba con impulsor centrifugo helicoidal reconocido a nivel mundial. (Tomado de: https://www.hidrostal.com/history.php?Lang=es )

Desde otro rincón del distrito nació también una idea insólita y admirable. En 1970, Aldo Briceño, amante de los libros, empezó regalando pequeños textos con frases recopiladas por él mismo. Nadie imaginó que aquel gesto daría origen a “Los libros más pequeños del mundo”. Hoy cuenta con más de seiscientos títulos y ha llevado su creación a treinta y tres países, editando incluso en cinco idiomas. Una muestra de que los sueños también caben en formatos diminutos.

Alberto Briceños, ha desarrollado un producto que es deleite de los amantes de la lectura (Tomado de: https://elcomercio.pe/luces/libros/libros-pequenos-mundo-exito-editorial-diferente-442231-noticia/)

En 1985 abrió en Zárate el primer local de Roky’s, una pollería que pronto se convertiría en parada obligatoria para los amantes del pollo a la brasa. Lo que comenzó como un solo negocio creció hasta convertirse en una cadena nacional con presencia internacional. El sabor también puede convertirse en imperio.

Otro ejemplo notable es Inka Chips, marca peruana de snacks premium nacida con la idea de mostrar al mundo la riqueza agrícola del Perú. Papas nativas, maíz gigante del Cusco y otros productos andinos encontraron en esta empresa una vitrina global. Calidad, identidad y orgullo nacional en cada empaque.

Y si de historias conmovedoras hablamos, pocas tan poderosas como la de Dora Rodríguez, creadora de Yámboly. Obligada a migrar a Lima a los quince años por la violencia terrorista que golpeó a su familia, llegó a San Juan de Lurigancho con poco más que coraje. Trabajó como vendedora ambulante, ahorró con disciplina y empezó distribuyendo helados. Más adelante compró maquinaria y fundó su propia marca. Hoy Yámboly es una de las principales empresas heladeras del país. Una historia donde el dolor se transformó en victoria.

Dora Rodríguez, gerente general de helados Yamboly, una mujer emprendedora reconocida a nivel nacional (Tomado de: https://x.com/elcomercio_peru/status/1628513714226839552?lang=ar)

También está Topitop, gigante textil peruano. Lo que hoy son decenas de tiendas y miles de empleos comenzó hace décadas con los hermanos Manuel y Aquilino Flores vendiendo prendas en las calles. Con esfuerzo y visión construyeron una de las empresas textiles más importantes del Perú.

Y estas son solo algunas historias.

San Juan de Lurigancho alberga empresas de alimentos, plásticos, papeleras, textiles, calzado, metalmecánica y construcción. En Campoy, Zárate, Canto Grande y otras zonas del distrito trabajan miles de personas que todos los días sostienen la economía nacional desde fábricas, talleres, almacenes y negocios familiares.

Aquí se producen zapatillas, telas, empaques, servilletas, maquinaria industrial, vidrios para construcción y alimentos que llegan a todo el país.

Hablar de éxito en San Juan de Lurigancho es hablar de migrantes. De hombres y mujeres que llegaron desde distintas regiones del Perú —e incluso del extranjero— buscando una oportunidad. Es hablar de sacrificio, de jornadas largas, de empezar desde abajo y no rendirse.

Muchos encontraron en este distrito no solo un lugar para vivir, sino un terreno fértil para construir futuro.

Por eso, cuando vuelvas a ver una marca conocida, revisa bien la etiqueta. Tal vez allí, discretamente, esté escrito algo que emociona:

Hecho en San Juan de Lurigancho.

Escrito por: Julio Abanto Llaque para www.sanjuandelurigancho.com