Un territorio relativamente aislado dentro de San Juan de Lurigancho
Dentro de San Juan de Lurigancho, Mangomarca es una localidad con una enorme riqueza patrimonial cultural y natural. Allí se encuentra la denominada Huaca Mangomarca, que fue un centro administrativo y ceremonial principal de los Lurigancho o Ruricancho, etnia integrante del curacazgo Ichma y las lomas de Mangomarca, espacio que reverdece cada invierno gracias a la humedad ambiental. La zona se encuentra asentada en una pequeña quebrada lateral dentro de la gran quebrada de Canto Grande, situación que ha contribuido a generar entre sus habitantes cierta sensación de aislamiento respecto del resto de San Juan de Lurigancho.
El acceso se realiza desde la Estación Pirámide del Sol por la antigua avenida Lurigancho - trazado que sigue un antiguo camino prehispánico- y por la avenida Gran Chimú y Gran Pajatén desde Zárate y Campoy. Durante muchos años, incluso el transporte público hacia la zona fue escaso, reforzando la percepción de que Mangomarca estaba “al fondo” del distrito, cuando en realidad está prácticamente al inicio de este.
Su configuración no solo influye en la movilidad; también afecta la representación simbólica del lugar, por un lado muchos vecinos consideran que Mangomarca posee características distintivas respecto de otras zonas del distrito. Parte de esta diferenciación se relaciona con los procesos de organización vecinal impulsados durante décadas anteriores, mediante los cuales se gestionaron pistas, parques y áreas verdes que otorgaron a ciertos sectores de la zona una imagen urbana asociada al orden residencial y a formas de vida percibidas como más cercanas a sectores medios.
Por otro lado, fuera del distrito, la percepción sobre Mangomarca suele diluirse dentro de las percepciones generales sobre San Juan de Lurigancho: violencia, inseguridad y marginalidad. En ese contexto, la identidad barrial se construye en una situación ambigua: existe la necesidad de arraigo local, pero también una necesidad constante de diferenciarse de los estigmas asociados al distrito.
Cuando el barrio funcionaba como espacio de cohesión
Diversos vecinos antiguos coinciden en señalar que la vida social de Mangomarca era distinta antes de la década del 2000. En ese periodo, gran parte de las viviendas eran ocupadas por sus propios propietarios y la población era considerablemente menor. La interacción cotidiana era más intensa y el conocimiento mutuo entre vecinos resultaba más frecuente.
Uno de los principales espacios de articulación social fueron los campeonatos deportivos que se realizaban durante el verano. Participaban equipos de distintas urbanizaciones y categorías: niños, jóvenes, adultos, “viejas glorias”. No solo eran torneos vecinales, estos funcionaban como mecanismos de encuentro entre sectores diversos de Mangomarca.
La desaparición progresiva de estos espacios tuvo consecuencias importantes. Según varios vecinos, uno de los momentos más recordados fue la concesión de la antigua cancha y parque principal al Instituto Peruano del Deporte (IPD) a inicios de los años 2000. El área, antes abierta y de uso libre, pasó a ser cercada y regulada. Para muchos vecinos, aquello significó no solo la pérdida de un espacio recreativo, sino también la desaparición de uno de los pocos lugares donde distintos sectores de Mangomarca se encontraban regularmente.
La memoria de esa etapa aparece asociada a una idea recurrente entre antiguos dirigentes vecinales: “cuando había más carencias, había también más unión”. Más allá de la nostalgia que puede contener esa afirmación, revela un fenómeno urbano frecuente en muchos sectores populares de Lima: las redes de solidaridad y organización vecinal tienden a fortalecerse en contextos de necesidad compartida y autogestión colectiva.
Fragmentación urbana y debilitamiento de la identidad común
Con el paso de los años, Mangomarca experimentó procesos de transformación social similares a los ocurridos en otras zonas de Lima. Muchas viviendas comenzaron a ser alquiladas, y se debilitó el conocimiento interpersonal que antes articulaba parte de la vida barrial.
Actualmente, Mangomarca aparece fragmentada en múltiples escalas de pertenencia. Cada urbanización, asentamiento humano o sector posee dinámicas relativamente autónomas. Las festividades religiosas, por ejemplo, suelen estar organizadas por grupos específicos y convocan principalmente a vecinos de la misma zona. No existe una gran celebración que articule simbólicamente a todo Mangomarca como unidad colectiva.
Esto no significa ausencia total de identidad, sino más bien una identidad dispersa y segmentada. Existen vínculos fuertes en grupos pequeños -vecinos históricos, asociaciones, amistades de infancia, colectivos culturales- pero resulta más difícil identificar una narrativa común ampliamente compartida por todos los sectores.
La propia lógica de la ciudad contribuye a ello. Muchos habitantes trabajan o estudian fuera del distrito y utilizan el barrio principalmente como espacio residencial. La movilidad cotidiana hacia otras zonas de Lima reduce el tiempo de interacción comunitaria y debilita ciertos mecanismos tradicionales de cohesión.
El peso del estigma sobre San Juan de Lurigancho
Uno de los aspectos más interesantes observados en Mangomarca es la tensión existente entre pertenecer al barrio y distanciarse simbólicamente de San Juan de Lurigancho.
Varios jóvenes entrevistados señalaron que algunas personas prefieren decir que son de Zárate antes que de San Juan de Lurigancho. La razón no es únicamente geográfica. Durante décadas, el distrito ha sido asociado con pobreza, delincuencia y desorden urbano. Esa imagen afecta la manera en que muchos habitantes negocian públicamente su identidad territorial.
Desde la teoría de la identidad social, este fenómeno puede entenderse como parte de los procesos mediante los cuales las personas buscan evitar categorías socialmente desvalorizadas. El territorio no funciona únicamente como espacio físico; también opera como marcador simbólico. Decir de dónde se viene implica ingresar a una red de valoraciones sociales que afectan la percepción externa y el propio autoconcepto.
Sin embargo, la situación es más compleja que un simple rechazo al distrito. Muchos habitantes mantienen simultáneamente sentimientos de pertenencia y distancia. Pueden criticar la imagen de San Juan de Lurigancho, intentar diferenciarse de ella y, al mismo tiempo, conservar vínculos afectivos profundos con Mangomarca.
Permanecer, mejorar o irse: las formas contemporáneas del arraigo
A pesar de la fragmentación y del estigma territorial, en Mangomarca persisten formas importantes de compromiso barrial. Un ejemplo de ello son algunos grupos juveniles y organizaciones vecinales vinculadas a la defensa del patrimonio arqueológico y ecológico de la zona, como el Comité de Defensa del Patrimonio Cultural y Natural de Mangomarca (CODEPACMA).
Muchos de sus miembros crecieron juntos, compartieron espacios comunes y desarrollaron una relación cercana con el entorno local: excursiones a los cerros, visitas a la huaca Mangomarca y experiencias colectivas. Aunque varios imaginan su futuro fuera de Mangomarca, mantienen un fuerte interés por preservar y mejorar el lugar donde crecieron.
Algo similar ocurre con antiguos dirigentes vecinales y comités de parques y jardines. Buena parte de las áreas verdes y espacios públicos actuales fueron producto de la organización de los propios vecinos más que de una intervención sostenida de la municipalidad. El orgullo por ciertos espacios urbanos —como el llamado “Parque Nuevo”— constituye todavía una fuente importante de identificación local.
En Mangomarca, la identidad barrial no ha desaparecido, pero tampoco adopta una forma homogénea o estable. Se encuentra atravesada por tensiones entre permanencia y movilidad, entre orgullo y estigma, entre memoria colectiva y fragmentación urbana. Precisamente en esa ambivalencia reside buena parte de su complejidad social.
BIBLIOGRAFÍA
- Aguirre citado por Rizo, Marta, en Conceptos para pensar lo urbano: el abordaje de la ciudad desde la identidad, el habitus y las representaciones sociales en www.bifurcaciones.cl/006/rizo.htm
- Goffman , Erving , Estigma, La identidad deteriorada, Amorrortu editores , Bs As, 2001
- Valera Sergi y Pol Enric en El concepto de identidad social urbana: una aproximación entre la psicología social y la psicología ambiental. Universidad de Barcelona en www.ub.es/dppss/psicamb/9_RPS98.pdf
- Valera y otros, Estudio de la identidad social urbana en un barrio de nueva creación: El caso de Villa Olímpica de Barcelona, en www.ub.es/dppss/psicamb/9_RPS98.pdf
Escrito por: Wilmer Mejía Carrión para www.sanjuandelurigancho.com