En la capital del Perú, como en el resto del país, en el transporte, la improvisación ha sido la regla. Las causas han sido varias. Una de ella, el programa de ajuste -shock- de la década de los 90. Otra la generalizada y atroz crisis moral y económica del 85 al 90 que pulverizó la economía, las empresas públicas y la vida social del país. ENATRU fue destruida por la crisis, por los pésimos gerentes, por el sindicato y por la acción criminal del terrorismo que se dedicó a incendiar impune y diariamente, sus unidades.
En 1991, a través del DL 651, se aprobó la libre competencia de tarifas y de rutas, que contenía una “política empresarial” y “social”: cualquier persona natural o jurídica, en algún tipo de vehículo aparente, podía prestar el servicio de transporte público sin ningún tipo de requisito técnico. Miles de despedidos del sector público y del sector privado, fueron incentivados a comprar sus combis y, sin ningún plan, criterio, preparación ni experiencia, se lanzaron a la tarea de ganar pasajeros en las calles. En ese momento para algunos “ideólogos” improvisados fue una solución. Hay que recordar, también, que simultáneamente empezó la apertura para la importación de vehículos usados con timón cambiado, con lo que empezó la súper contaminación del aire de Lima y de las ciudades del país.
Son dos los problemas que se multiplican desde los años 90: sobre oferta de vehículos por un lado, y el servicio de transporte como refugio del desempleo y la pobreza, originado por el programa de ajuste que se hizo sin piedad, sin programas de apoyo social y sin convicción. No se legisló más sobre el tema porque un falso liberalismo, rudimentario y dogmático, dictaminó que el mercado resolvería el problema del transporte, lo que no armoniza con la realidad de ningún país moderno y liberal del mundo, en el que el Estado tiene un papel fundamental en las reglas de juego, la planificación, la regulación, el control y la fiscalización de los actores -las empresas- y de los ciudadanos, en el que se licitan las rutas que es en donde se compite. Aquí, falsos liberales, hicieron pasar gato por libre: la competencia no era en la licitación sino en las pistas, por los pasajeros. Conocemos las consecuencias.
En 1997, se aprueba en Lima la Ordenanza 104, que busca una solución, a través de una propuesta de concesión de rutas que está aún vigente. La propuesta tenía varios problemas. Uno de ellos es que las empresas creadas para operar no estaban obligadas a ser dueñas de la flota de vehículos con lo que tenían –tienen- la alternativa de tercerizar el servicio que cuenta con propietarios de vehículos y operadores -choferes y cobradores- que son los que salen a las calles a guerrear con sus “competidores” por los pasajeros. Ese es uno de los orígenes de los dos muertos diarios en promedio por accidentes de tránsito en la capital. Es que los choferes trabajan en un sistema estajanovista o al destajo, perverso, en brutal disputa por los maltratados pasajeros. En la división de los ingresos, se alquilan los vehículos o se paga un porcentaje. Los dueños alquilan sus unidades por un monto fijo, sujeto al número de vueltas a la ruta de los operadores. Los sacrificados son todos menos los “consorcios” empresariales que no tienen vehículos.
¿Cuántas “combis”, “custers” y ómnibus hay en Lima? Nadie tiene cifras exactas pero se calcula que hay más de 27 mil vehículos de transporte público, alrededor de 12 mil combis, 12 mil “custers” y 3,500 ómnibus.
A lo anterior se suman otros actores: los taxistas, que se calculan en alrededor de 240 mil, de los cuales, la mitad, tienen algún nivel de fiscalización. Del total de vehículos, 6500 vehículos no han pasado la revisión técnica. Los taxistas están organizados en sindicatos que buscan casi siempre la violación de las leyes: hacer taxi-colectivo en la Vía Expresa del Paseo de la República, recoger y dejar pasajeros en cualquier parte, manejar a velocidades excesivas, realizar maniobras temerarias, entre otras gracias.
Finalmente, está el mototaxi que se generalizó en Lima y en el país. Se calcula que en la capital circulan formalmente unos 22,400 mototaxis y de manera informal unos 60 mil de los que dependen unas 300 mil personas en forma directa. Los mototaxis están organizados e instalados en la Lima emergente y sirven a los ciudadanos para subir a las zonas más altas de sus barrios; pero, existe también, en distritos consolidados como San Miguel, Magdalena, Chorrillos, Barranco, entre otros. En la mayoría de los distritos los conductores de los moto-taxistas son menores de edad, no tienen documentos en regla, utilizan equipos de sonido a gran volumen, manejan contra el tránsito, no sigan las reglas, invaden carreteras y vías rápidas, etc.
Desde el Gobierno Municipal de Alberto Andrade se impulsó el transporte masivo con el proyecto del LIMABUS, proyecto que fue postergado durante el primer gobierno de Luis Castañeda -se perdió cuatro años- que fue retomado en su último gobierno municipal bajo el nombre de El Metropolitano -cubre el 10% de la demanda-.
Desde el Gobierno Central se impulsó el Tren Eléctrico – traslada a 125 mil personas diariamente- que ha empezado a funcionar luego de 25 años. Como todo lo que se hizo entre el 85-90, empezó envuelto en graves acusaciones de corrupción y con una ruta de la periferia hacia el centro, en el sentido contrario de cómo se diseñan y construyen los sistemas de trenes en todas las ciudades del mundo. La ruta fue improvisada ya que todos los estudios realizados fundamentaban que la mayor demanda se encontraba en Lima Norte. El colapso en el que se dejó la economía no permitió que se continuara el Tren Eléctrico, lo que ha sido posible por el crecimiento en la economía nacional, recuperada de su pulverización.
El Concejo Provincial de Lima, acertadamente, ha aprobado por unanimidad, el 17 de abril del 2012, la Ordenanza que “Regula la Prestación del Servicio de Transporte Público Regular de Personas en Lima Metropolitana”. La autoridad metropolitana, los regidores, los asesores, los técnicos y gerentes han expresado su firme voluntad de avanzar hacia la creación de un verdadero sistema de transporte que cierre el largo período de caos en el sector.
Conseguir el éxito en este tema crucial, requiere una firme voluntad, información y comunicación a los vecinos, concertación con el sector avanzado-moderno de los transportistas y el aislamiento de los dirigentes corruptos que se niegan a la modernización y que son capaces de todo tipo de maniobras, entre las cuales estará la ampliación de plazos “para adecuarse a la norma”, buscando ganar tiempo para sabotear cualquier cambio. Se requiere, por ello, firmeza de carácter y también, concertación con el Gobierno Nacional y los alcaldes distritales, pues en los distritos, predomina la informalidad.
Las ciudades del país se han deteriorado durante más de dos décadas con un sistema de transporte destructor de vidas; de la salud física y mental de los ciudadanos; principal responsable de la contaminación ambiental de la ciudad, entre otros males. El mayor, tal vez, sea el de la cultura deletérea creada por este anti-sistema que percibe al pasajero como una “china” o un sol, pero no como un fin en sí mismo.
Escrito por: Oswaldo Carpio para www.sanjuandelurigancho.com