En cada época electoral, vuelve a sonar con fuerza la idea de que San Juan de Lurigancho se convierta en provincia. No es una propuesta nueva; es un viejo anhelo que viene de hace muchos años. Me acuerdo de octubre del 2006, a inicios del segundo gobierno de Alan García, cuando el propio expresidente anunció esta medida generando una enorme expectativa política y el respaldo del entonces alcalde Mauricio Rabanal. Sin embargo, la promesa quedó en el tintero. Hoy, con la cabeza fría y mirando el futuro, la pregunta que debemos hacernos es: ¿Realmente sería provechoso para el distrito más poblado del Perú dar este salto?
En mi opinión, la respuesta es un rotundo no. Ser provincia no es la solución adecuada; por el contrario, nos separaría formalmente de Lima Metropolitana, desconectándonos de nuestra propia realidad urbana.
Actualmente, San Juan de Lurigancho no es una isla. Somos un distrito totalmente conurbado y una pieza fundamental dentro de la capital. Estamos considerados en los planes de desarrollo metropolitanos y somos el eje de obras de gran envergadura —como el megaproyecto del Perdiferico Vial de Lima — que buscan interconectarnos fluidamente con los demás distritos de Lima y el Callao.
Separarnos administrativamente para convertirnos en provincia significaría romper ese tejido urbano. Implicaría perder los enormes beneficios logísticos, de inversión y de planificación que conlleva ser parte de la capital del Perú. Construir muros administrativos en pleno siglo XXI sería un retroceso.
La verdadera salida: El Distrito de Régimen Especial
Si ser provincia es desconectarnos y el modelo actual de distrito nos queda chico, ¿qué solución es factible para asegurar nuestro desarrollo? La salida técnica y legal existe: debemos convertir a San Juan de Lurigancho en un Distrito de Régimen Especial.
Esta idea no es un invento reciente ni un simple eslogan de campaña. Quienes seguimos de cerca la historia del distrito, recordamos que esta propuesta legal nació por necesidad a inicios de los años 2000, durante la propia gestión de Rabanal. En ese entonces, el histórico conflicto de competencias con la Municipalidad de Lima por la administración del Parque Zonal Huiracocha nos dejó una dura lección: demostró que depender burocráticamente del centro de la capital ahogaba nuestro desarrollo. Desde ahí quedó clara la urgencia de buscar una figura legal que nos diera verdadera autonomía.
¿Qué significa aplicar este Régimen Especial en la práctica hoy en día? Significa obtener autonomía para ejecutar actividades, inversiones y políticas que en la actualidad nos están prohibidas sin la luz verde de la Municipalidad de Lima. Hoy, depender de Lima Metropolitana para temas de zonificación, diseño de vías principales o grandes megaproyectos hace que la gestión sea increíblemente lenta y engorrosa. Las decisiones críticas para más de un millón de personas no pueden esperar firmas en el Centro de Lima.
Un Régimen Especial nos otorgaría las facultades de una provincia (agilidad administrativa, competencias ampliadas y, definitivamente, la obtención y ejecución directa de un mayor presupuesto), pero sin divorciarnos de Lima Metropolitana.
San Juan de Lurigancho no necesita aislarse con títulos de provincia que suenan bien en los discursos políticos, pero que en la práctica nos desconectan del progreso. Lo que necesitamos son herramientas reales y autonomía financiera para gobernarnos con la eficiencia y velocidad que nuestro tamaño exige. Es momento de pensar con estrategia técnica y no con populismo.
Escrito por: Luis Candela Flores para www.sanjuandelurigancho.com