San Juan de Lurigancho es un distrito que no se detiene. Recuerdo de niño, a principios de los 80s, que aún podíamos ver canales de regadío, terrenos de cultivo y cerros limpios, sin viviendas. Pasamos de ser una población de 250 mil personas en 1981 a más de un millón en la actualidad. Esa gran ola migratoria hacia la capital nos transformó; iniciamos una expansión rápida y casi sin control. En ese momento, para miles de familias, la urgencia de asegurar un techo pesaba mucho más que cualquier planificación urbana previa.

Hoy somos el distrito más poblado del país, y si bien se han ejecutado proyectos importantes como el tren eléctrico y los túneles que nos conectan con el centro de Lima, en el fondo estos solo confirman una cruda realidad: seguimos siendo un "distrito dormitorio". Todos los días, nuestros talentos salen de madrugada para trabajar o estudiar en otras partes de Lima, y regresan de noche solo a descansar. Si queremos que SJL mire al futuro y compita de verdad con otras ciudades, ya no del Perú sino del mundo, necesitamos pensar en convertirnos en un polo de desarrollo.

Aquí es donde entra a tallar el megaproyecto del Anillo Vial Periférico. Esta inmensa infraestructura busca conectar Lima Este (desde la Carretera Central) directamente con el aeropuerto y el puerto del Callao a través de túneles y viaductos rápidos. Para pisar tierra y entender de qué hablamos: solo el Tramo 2, que es el sector que atravesará San Juan de Lurigancho, tiene una inversión proyectada de 1,796 millones de dólares. Es una inyección de capital sin precedentes en nuestra historia.

Entiendo que la renovación de una metrópoli siempre trae decisiones difíciles. Comprendo la angustia y el justo reclamo de los vecinos cuyas viviendas se encuentran en el trazo de la obra y se verán perjudicados por las expropiaciones. No obstante, las grandes ciudades que se modernizan atraviesan estos procesos. Lo que nos toca hoy no es caer en el discurso facilista de oponernos al progreso para ganar aplausos y votos, sino plantarnos firmes para exigir y fiscalizar un justiprecio correcto y rápido. El Estado debe valorar el patrimonio de cada familia afectada de manera verdaderamente justa.

Pero la gran tragedia no sería construir la vía, sino desaprovecharla. No podemos permitir que este megaproyecto simplemente "cruce" San Juan de Lurigancho dejándonos de recuerdo solo túneles y pasos a desnivel de cemento. Tenemos que lograr que nuestro distrito aproveche al máximo esta conectividad para su propio despegue económico.

Por ello planteo una idea que debe convertirse en nuestro nuevo norte estratégico, la primera victoria rápida: el retiro definitivo de los penales. Las prisiones de San Pedro (Lurigancho) y Castro Castro, ubicadas a un paso del trazo del proyecto, ya no tienen cabida en medio de una zona urbana. No podemos tolerar que estas cárceles sigan siendo sinónimo de mal vivir, epicentros de delincuencia y el principal motivo de nuestra imagen negativa.

En esos extensos terrenos recuperados debemos construir un Hub Tecnológico: un parque de innovación e industria limpia impulsado mediante una Asociación Público-Privada. ¿Se imaginan lograr un convenio con una empresa tecnológica de primer nivel para que haga de SJL su centro regional? Se generarían miles de empleos para jóvenes profesionales y técnicos de SJL. Al estar interconectado con el nuevo Anillo Vial, este Hub permitiría que los emprendimientos, la investigación y la tecnología desarrollada en nuestro distrito lleguen al Callao y al mercado internacional en minutos.

Tenemos miles de jóvenes profesionales que salen del distrito diariamente buscando una oportunidad. Esa capacidad intelectual tiene que servir para construir nuestra casa. Es totalmente posible hacerlo, pero se necesita un gestor real. Necesitamos un alcalde que deje de pensar que hacer pistas y veredas es suficiente; eso sirve para la foto del momento, pero el objetivo debe ser a largo plazo.

El futuro de San Juan de Lurigancho no se construye con discursos bonitos ni propuestas anacrónicas. Es hora de tener la valentía política para ejecutar proyectos revolucionarios y disruptivos que nos pongan a competir con otras ciudades del mundo.

Escrito por: Luis Candela Flores para www.sanjuandelurigancho.com